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Notas de Prensa  

06 de marzo de 2013
El 15 por ciento de la población sufre algún tipo de trastorno de ansiedad a lo largo de su vida y uno de cada tres españoles ha tomado algún medicamento para la ansiedad en el último año

El consumo de ansiolíticos no es el tratamiento más adecuado para la ansiedad generalizada

  • La ansiedad patológica es el estado angustioso que puede aparecer junto a una neurosis u otro tipo de enfermedad y que no permite la relajación y el descanso del paciente. 
  • Según los datos de una encuesta elaborada por la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), uno de cada tres españoles ha tomado algún medicamento para la ansiedad en el último año. 
  • Los ansiolíticos son fármacos que han tenido un boom en la sociedad y la gente se ha acostumbrado a ellos, pero no nos olvidemos de que son medicamentos y no se pueden tomar azarosamente, siempre bajo prescripción facultativa y estricto control médico, recuerda la psicóloga Amaya Terrón. 
  • Los fármacos ayudan a minimizar el impacto que produce la ansiedad generalizada, pero se ha demostrado que la terapia que mejor resultados da es la terapia combinada con psicoterapia.

Marzo de 2013. 

Se la puede considerar una de las enfermedades que se encuentran en el top ten de los males modernos; y es que el trastorno de ansiedad generalizada es una patología que ya afecta a un 15 por ciento de la población a lo largo de su vida. 

De su mal no se libra nadie, porque, a pesar de que es más común en las mujeres que en los hombres, puede afectar a todos los estratos sociales y a todas las edades, incluso a los niños. Aunque, según explica Amaya Terrón, psicóloga y fundadora de Psicología Amaya Terrón, los años de mayor riesgo son aquellos entre la infancia y la mediana edad, además, existe evidencia de que los genes pueden tener un papel en la ansiedad”.

 

Preocupaciones y tensiones exageradas 

La ansiedad —explica Amaya Terrón— no es ni más ni menos que una respuesta de nuestro cuerpo que se produce ante situaciones peligrosas o desafiantes y que nos prepara para luchar o huir. La ansiedad normal se presenta en episodios con intensidad leve o media y de duración limitada, ante estímulos previsibles y comunes y con un grado de sufrimiento y limitación en la vida cotidiana acotada. En cambio, la ansiedad a niveles patológicos se caracteriza por sucederse en episodios reiterativos, de intensidad alta y duración excesiva, con alta y desproporcionada reactancia a la amenaza, provocando gran sufrimiento y notable interferencia en la vida diaria.                                              

La ansiedad patológica es el estado angustioso que puede aparecer junto a una neurosis u otro tipo de enfermedad y que no permite la relajación y el descanso del paciente. 

Las personas con trastorno de ansiedad generalizada pasan el día llenas de preocupaciones y de tensiones exageradas, incluso cuando hay poco o nada que las provoque. Tales personas esperan desastres y están demasiado preocupadas por asuntos de salud, dinero, problemas familiares o dificultades laborales, por ejemplo. En ocasiones, el simple pensamiento de cómo pasar el día produce ansiedad”, explica Amaya Terrón. 

Pero, ¿cuándo consideramos que una persona sufre ansiedad generalizada? Según Amaya Terrón, el trastorno de ansiedad generalizada se diagnostica cuando una persona “se preocupa excesivamente acerca de diversos problemas de la vida diaria durante por lo menos seis meses. Las personas con ansiedad generalizada parecen incapaces de liberarse de sus preocupaciones, a pesar de que usualmente son conscientes de que su ansiedad es más intensa de lo que requiere la situación. No se pueden relajar, se asustan con facilidad, y tienen dificultades para concentrarse. Con frecuencia, tienen problemas para dormir o mantenerse dormidas”. 

 

Síntomas incapacitantes 

La ansiedad provoca la aparición de ciertos síntomas que incapacitan la vida de la persona que los sufre. Los síntomas físicos que con frecuencia acompañan la ansiedad incluyen fatiga, dolores de cabeza, tensiones musculares, dolores musculares, dificultad para tragar, temblores, tics nerviosos, irritabilidad, transpiración, náuseas, mareos, necesidad de ir al baño con frecuencia, sensación de falta de aire y repentinos acaloramientos. 

Se trata de un estado en el que forzamos al cuerpo a estar activado de forma innecesaria, por lo que las consecuencias y el desgaste físico y mental están garantizados.

 

Provocado por el acelerado ritmo de vida 

Y, ¿por qué se produce esto? ¿Qué es lo que desencadena este trastorno tan común? Pues parece que mucha culpa la tiene nuestro ritmo diario de vida. El ritmo diario, las exigencias laborales, personales, familiares y sociales y las expectativas exageradas pueden hacer que aparezca ansiedad generalizada. 

Es innegable que los avances acaecidos en los últimos tiempos nos han ayudado muchísimo, pero nos han quedado otras asignaturas pendientes. Internet nos ha permitido obtener información de forma inmediata, enviar e-mails de forma instantánea a cualquier parte del mundo… Antes no había lavadoras, lavavajillas, ordenadores, aspiradoras, coches tan rápidos y tecnologías tan increíbles para acelerar el ritmo y sin embargo las personas no sufrían tanto estrés, tal y como lo conocemos nosotros. Comíamos comida elaborada a fuego lento y teníamos tiempo de sentarnos a comer en familia. En muchas cosas hemos evolucionado, pero nos hemos dejado en el camino otros muchos asuntos que debemos recuperar, si nos queda tiempo”, explica Amaya Terrón. 

 

Los medicamentos no solucionan el problema 

Según los datos de una encuesta elaborada por la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), uno de cada tres españoles ha tomado algún medicamento para la ansiedad en el último año, pero ¿son los medicamentos la solución para la ansiedad? 

Según explica Amaya Terrón, “los medicamentos ansiolíticos ayudan a minimizar el impacto que produce la ansiedad, pero se ha demostrado que la terapia que mejor resultados da es la terapia combinada con psicoterapia. La medicación se debe tomar en momentos puntuales y/o como ayuda en tratamientos, pero nunca como única solución a largo plazo”. 

“Las personas ponen muchas expectativas sobre los psicofármacos. Los ansiolíticos son fármacos que han tenido un boom en la sociedad y la gente se ha acostumbrado a ellos, pero no nos olvidemos que son medicamentos y no se pueden tomar azarosamente, siempre bajo prescripción facultativa y estricto control médico”, recuerda Amaya Terrón. 

 

Terapia psicológica 

Para estar preparados cuando los límites de ansiedad se sobrepasan siempre conviene tener estrategias entrenadas previamente para no caer en las redes del estrés o de la ansiedad inhibitoria del rendimiento. En concreto, se trata de “organizarse, de objetivar nuestras expectativas, de tener trabajadas las autoexigencias (nunca por encima de nuestras posibilidades), de aprender técnicas de relajación y de respiración, de contar con buenas redes sociales de apoyo, etcétera”, comenta la psicóloga. 

“Los psicólogos trabajamos la ansiedad cuando ésta produce un deterioro en otras facetas de la persona o cuando es fuente de malestar general. Dependiendo del origen, de la causa, de las consecuencias o de los factores que la mantienen diseñamos estrategias para hacer que el paciente se libre o reduzca por sí mismo este malestar. Cómo hacerlo varía dependiendo del paciente, de la naturaleza del caso y del entrenamiento del psicólogo. Podemos usar reestructuración cognitiva para conseguir modificar pensamientos o conductas disruptivas o, al menos, motivar para el análisis, técnicas de relajación por respiración, tensión/distensión muscular, autoinstrucciones, anclaje y varias estrategias más, siempre adaptadas a las necesidades, caso y posibilidades de nuestros pacientes”, explica Amaya Terrón. 

Lo bueno de estas técnicas —recuerda la psicóloga—, es que los pacientes se las llevan para siempre, es decir, una vez entrenadas las pueden usar en múltiples ocasiones a lo largo de su vida. Cuanto más se practican más dominio se tiene sobre ellas y más beneficios se pueden sacar”. 

Además, son técnicas que hacen su “efecto” rápido, por lo que los resultados se notan a corto plazo y esto es importante para mantener motivados a los pacientes en su práctica. 

 

La ansiedad generalizada se supera 

La ansiedad es un mal de nuestra sociedad actual muy común. Hay personas que lo detectan rápido y otras que no saben que lo padecen, que se encuentran mal y no saben por qué. 

Ante todo, los pacientes con trastorno de ansiedad generalizada deben pensar que se trata de un malestar que se puede mejorar y controlar, es decir, que podemos ponerle remedio si sabemos cómo. Lo padecen y han padecido muchas personas y entre ellas la mayoría de las que han recibido tratamiento adecuado han mejorado significativamente. 

Nadie es un caso aislado y los psicólogos hemos visto directa o indirectamente la ansiedad en sí misma, como causa o consecuencia de muchas patologías, por lo que si tiene solución deberían ocuparse y no preocuparse. La ansiedad negativa se trata y somos muchos los profesionales que estamos preparados para ayudar a sentirse mejor a las personas, concluye Amaya Terrón.

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