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Notas de Prensa  

Curso. 07 de octubre de 2013

Neurólogos de toda España se dan cita en el XX Curso Nacional de Trastornos del Movimiento

  • El objetivo es mejorar las habilidades de los residentes en neurología para lograr un diagnóstico precoz y un tratamiento adecuado en los pacientes 
  • El 10% de los pacientes diagnosticados con enfermedad de Parkinson presentan la enfermedad en estado avanzado

Zaragoza, 7 de octubre de 2013- Zaragoza ha acogido la vigésima edición del Curso Nacional de Trastornos del Movimiento, en el que se han dado cita casi un centenar de neurólogos procedentes de toda España, especializados en el tratamiento de Parkinson y otras enfermedades relacionadas con trastornos del movimiento. Los objetivos del curso son compartir con los especialistas las habilidades para el diagnóstico de estas patologías, así como dar a conocer las últimas novedades terapéuticas. 

Se trata de un curso dirigido especialmente a neurólogos en formación y otros especialistas como geriatras o  internistas que atienden a  pacientes con trastornos del movimiento. Este curso, eminentemente interactivo y práctico e inaugurado por la Consejera de Educación, Universidad, Cultura y Deportes de la Comunidad, Dolores Serrat, ha sido galardonado como mejor actividad docente de la SEN (Sociedad Española de Neurología). 

Los pacientes con trastornos del movimiento son pacientes con un menor movimiento respecto a cualquier persona que no padezca ninguna de estas patologías (hipocinesia), o pacientes con un mayor movimiento o un movimiento desordenado con respecto a la población general sana, siendo el Parkinson el trastorno más frecuente. 

Además, las enfermedades que cursan trastornos del movimiento representan un elevado porcentaje dentro de los problemas neurológicos en general (más de un 20%), como sucede con la enfermedad de Parkinson. En general, se trata de patologías cuyo diagnóstico es eminentemente clínico, es decir, no se detecta a través de pruebas de diagnóstico por imagen radiográfica o análisis de laboratorio, por lo que el especialista necesita tener unas determinadas habilidades para saber reconocer en un momento determinado el tipo de movimiento al que se está enfrentando. 

“En el caso de los especialistas en enfermedad de Parkinson, no es lo mismo leer un trabajo científico en el que se hable de que la enfermedad de Parkinson provoca hipocinesia, rigidez y temblor, que verlo en uno o cuarenta enfermos, de ahí la importancia de este tipo de cursos donde se ven casos reales de pacientes”, ha afirmado el doctor Luis Javier López Del Val,  Profesor Asociado de la Facultad de Medicina de Zaragoza y Coordinador de la Unidad de Trastornos del Movimiento del Servicio de Neurología del Hospital Clínico Lozano Blesa, de Zaragoza. 

Por su parte, el doctor Gurutz Linazasoro, Presidente Ejecutivo de la Fundación Inbiomed y Director Científico de la Fundación CITA de San Sebastián, ha añadido “el principal valor de esta formación es la docencia, pero una docencia muy práctica, utilizando un enfoque muy directo y preciso con multitud de casos clínicos y videos. Es un material muy actualizado, de consumo inmediato y de gran utilidad en la práctica clínica diaria. Todo ello aderezado con un contacto muy cercano con expertos en trastornos del movimiento”.   

El Parkinson es una enfermedad neurodegenerativa cuya sintomatología motora y no motora se agrava con el paso de los años. En estados avanzados, concretamente, el  10% de los pacientes diagnosticados,  no responden adecuadamente a los fármacos orales disponibles, aumentando la discapacidad y empeorando su calidad de vida. En estos casos se hace necesario revisar las opciones terapéuticas disponibles. Precisamente, durante la jornada, los expertos han abordado cómo conseguir que los pacientes  presenten menos efectos secundarios derivados de la propia medicación, así como nuevos tipos de tratamiento para los enfermos con párkinson avanzado (como la bomba de infusión intestinal de levodopa/carbidopa). 

Según Linazasoro, “El Parkinson representa una amenaza para cualquier sistema sociosanitario porque el número de enfermos se duplicará en 20 años y la incapacidad que genera es muy costosa. Por fortuna, las complicaciones motoras (discinesias, bloqueos motores, etc.) pueden tratarse con infusiones duodenales de levodopa o con la implantación de estimuladores cerebrales”.  

Los principales retos que tienen que afrontar los profesionales para el abordaje de estos trastornos, desde el punto de vista del paciente, es lidiar con la incertidumbre del diagnóstico al inicio de los síntomas y, después, la necesidad de aceptar y asumir que se encuentra ante una enfermedad crónica y que no tiene cura, por lo que es muy importante la labor de los profesionales para mejorar la calidad de vida de los pacientes. 

Por otro lado, “los profesionales debemos estudiar cada vez más, aprender y buscar nuevas formas para lograr un diagnóstico precoz e iniciar el tratamiento adecuado lo antes posible; mientras, desde el punto de vista terapéutico el reto está en conseguir fármacos que sean definitivamente curativos. 

Hoy día esto no es posible en enfermedades como el párkinson ni otras de origen genético”, ha señalado López del Val

 

Acerca  de la enfermedad de Parkinson (EP) 

La EP es una enfermedad neurodegenerativa del sistema nervioso central que afecta el área encargada de coordinar la actividad y el tono muscular y los movimientos. Se estima que afecta a 150.000 personas en España, cifra que se prevé vaya en aumento como consecuencia del envejecimiento progresivo de la población. Esta alteración neurodegenerativa, la segunda más frecuente, es de causa desconocida y de curso crónico y progresivo. La edad media de aparición es 60 años, aunque en 1 de cada 5 personas es diagnosticada antes de los 50. 

La EP se manifiesta cuando unas células en el área del cerebro, denominada “sustancia negra” dejan de funcionar y mueren. Estas células son las responsables de producir una sustancia llamada dopamina. La dopamina es un neurotransmisor, o mensajero químico, que transmite la información a las zonas del cerebro que controlan el movimiento y la coordinación. En los pacientes con EP, las células productoras de dopamina comienzan a morir, lo que provoca la reducción del neurotransmisor en determinadas estructuras cerebrales. 

A medida que la enfermedad progresa, los fármacos convencionales pierden eficacia, haciéndose necesario el empleo de terapias avanzadas (estimulación cerebral profunda del núcleo subtalámico, o infusiones continuas de levodopa o apomorfina). Los beneficios que aportan estas terapias al paciente influyen positivamente en su calidad de vida.

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