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Notas de Prensa  

Gastroenterología. 21 de abril de 2014
Los expertos de la sepd confirman que cuando su uso es correcto y bajo seguimiento médico, los ibp son fármacos muy beneficiosos

Los especialistas recomiendan el uso de protectores gástricos IBP bajo control médico

En 2010, los IBP (inhibidores de la bomba de protones) representaron el 4,9% del consumo global de medicamentos del Sistema Nacional de Salud.

Los IBP son medicamentos seguros y eficaces en el tratamiento de enfermedades digestivas altamente prevalentes como úlceras o reflujo gastroesofágico.

Su uso como protector gástrico en los casos de consumo de antiinflamatorios no esteroides y ácido acetilsalicílico, debe estar limitado a los grupos de riesgo.
21 de abril de 2014.-Los denominados fármacos inhibidores de la bomba de protones (IBP) que incluyen nombres comerciales tan conocidos como omeprazol, lansoprazol, pantoprazol, rabeprazol y esomeprazol, son una de las familias de medicamentos más consumidas a nivel mundial. Solo en España, representaron en 2010 el 4,9% del consumo global de medicamentos del Sistema Nacional de Salud. La Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD) considera que son medicamentos cuya eficacia está contrastada para determinadas enfermedades del aparato digestivo y también cuando se utilizan como protector gástrico en pacientes con algunas patologías y bajo control médico.

“Los efectos secundarios de estos medicamentos pueden surgir cuando los utilizan personas para las que no están indicados, o cuando pacientes que sí deberían tomarlos no lo hacen, por miedo o cautela”, explica el Dr. Carlos Martín de Argila, especialista del Aparato Digestivo y experto de la SEPD; que recuerda “es el médico el que debe prescribir o dejar de prescribir el medicamento, valorando los riesgos y los beneficios para cada paciente”. 

Eficacia de los IBP
Los fármacos inhibidores de la bomba de protones han supuesto una revolución en el manejo de las enfermedades relacionadas con la secreción de ácido clorhídrico del estómago como úlcera gástrica, úlcera duodenal, enfermedad por reflujo gastroesofágico o infección por Helicobacter pylori. “Son medicamentos muy útiles para los especialistas del Aparato Digestivo”, explica el Dr. Martín de Argila, “porque su eficacia está bien contrastada en enfermedades muy prevalentes, actuando sobre células del estómago, bloqueando o disminuyendo la secreción de ácido clorhídrico necesario para deshacer los alimentos en el proceso de la digestión”. En España, la úlcera péptica afecta al 10% de la población en algún momento de su vida, con una prevalencia de úlcera activa del 1%; mientras que la enfermedad por reflujo gastroesofágico afecta a un 15% de la población y la prevalencia de infección por Helicobacter pylori está en torno a un 40%. 
Su elevado consumo anual a nivel mundial es debido a que generalmente los fármacos IBP son también altamente recetados como gastroprotectores para personas que consumen antiinflamatorios no esteroides (tales como el ibuprofreno y el ácido acetilsalicílico entre los más conocidos). Normalmente son personas de edad avanzada, con enfermedad crónica y que toman estos medicamentos de forma prolongada. “La aspirina o los antiinflamatorios no esteroideos pueden producir pequeñas úlceras en el estómago y el duodeno. Para que éstas cicatricen más rápido recetamos estos fármacos que frenan la producción de ácido clorhídrico”, explica el experto de la SEPD.
 
Grupos de riesgo
Ante informaciones que generan confusión sobre la eficacia y seguridad de los IBP cuando se consumen de forma prolongada, la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD) recuerda que no todas las personas que toman aspirina o antiinflamatorios no esteroideos deben consumir fármacos IBP, sino solo aquellas que forman parte de grupos de riesgo y que se concretan en personas mayores de 65 años, con antecedentes de enfermedad ulcerosa péptica, que toman antiinflamatorios en altas dosis o combinación de varios, que toman anticoagulantes o corticoides en dosis altas con patología previa grave como cirrosis hepática o insuficiencia renal, por ejemplo.
 
“Las personas que no toman aspirina y/o antiinflamatorios pero sí toman otro tipo de medicamentos, aunque estén incluidas en estos grupos de riesgo, no deben tomar fármacos IBP como gastroprotectores porque no van a ser eficaces para controlar posibles molestias digestivas producidas por los medicamentos. Esas molestias digestivas seguramente no son por un exceso de ácido clorhídrico y por tanto no tiene sentido administrar un IBP”, argumenta el Dr. Martín de Argila.
 
Siempre bajo control médico
Como cualquier otro medicamento, los IBP tienen efectos secundarios. Cuando se consumen de forma prolongada se han descrito efectos secundarios como la disminución de la absorción de calcio, magnesio y vitamina B12, la proliferación de infecciones intestinales, osteoporosis y neumonía, aunque estos efectos aún deben ser confirmados con nuevos estudios científicos. 
 
“Pero el paciente que tiene una clara indicación de medicarse con un IBP por patología digestiva o porque está entre los grupos de riesgo de gastroprotección y no lo toma por temor a los efectos secundarios, está cometiendo un error grave que va contra su salud”, advierte el Dr. Martín de Argila, “del mismo modo, la persona que toma muchos medicamentos y decide por iniciativa propia consumir un fármaco IBP como protector gástrico sin formar parte de un grupo de riesgo, está asumiendo un riesgo innecesario”.

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