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Notas de Prensa  

Nutrición. 06 de mayo de 2014

El azúcar no es el factor determinante de la obesidad

  • “Un estudio reciente no encuentra asociación entre la frecuencia con la que se consumen bebidas azucaradas y la obesidad, pero sí con un estilo de vida más sedentario y un entorno familiar menos saludable"
  • Afirmar que el consumo de azúcares está directamente relacionado con la obesidad infantil, omite información adicional y de hábitos que realmente influyen sobre la salud de las personas. 

Elogiado durante años por su aporte energético pero criticado en la actualidad, el azúcar es, en realidad, y según la evidencia científica disponible, una fuente de energía necesaria para el buen funcionamiento del cerebro.

Los azúcares son los componentes básicos de lo que conocemos como carbohidratos y se encuentran de forma natural en la fruta y en la verdura, en la miel, en los productos lácteos y, en menor medida, en los cereales. Estas sustancias pueden ser utilizadas para endulzar alimentos y bebidas, o bien para dotarles de una  textura o consistencia determinada, denominándose, entonces, azúcares añadidos.

Según la EFSA (European Food Safety Authority), principal autoridad europea en materia de seguridad alimentaria, para una alimentación óptima, se recomienda que entre el 45 y el 60 por ciento de la ingesta energética diaria provenga de los carbohidratos, incluyendo azúcares y almidones. Por su parte, la OMS (Organización Mundial de la Salud) y la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) sitúan este valor entre el 55 y el 75 por ciento.

Sin embargo, las afirmaciones sobre su poder calórico han derivado en que muchas personas hayan disminuido el consumo de azúcares en su dieta, omitiendo los reales beneficios de una sustancia que, en su justa medida, es necesaria.

“Eliminar los hidratos de carbono de la dieta permite perder peso rápidamente (aunque luego se recupera con gran facilidad y en ocasiones, en mayor medida), explica Ana Maria López Sobaler, autora del estudio “Frecuencia de consumo de refrescos azucarados y factores asociados en escolares españoles” del Departamento de Nutrición de la Universidad Complutense de Madrid. “Además de hacer que la dieta sea más desequilibrada, esto ha facilitado que se piense que los hidratos de carbono son los responsables de la ganancia de peso, pero esto no es así. El problema de la obesidad no es tan sencillo como para relacionarlo sólo con unos cuantos factores. Además, muchos estudios observan que las personas que controlan mejor su peso son las que más hidratos de carbono incluyen en sus dietas”, añade.

Hay que tener en cuenta que la obesidad es una enfermedad multifactorial, que engloba factores genéticos, psicológicos y de metabolismo, así como el nivel de actividad física y  hábitos alimenticios de cada persona. En cuanto a los más pequeños se refiere, hay que añadir, asimismo, los hábitos de su entorno familiar.

Existen numerosos estudios en España que han analizado la posible relación entre el consumo azúcares y la obesidad. No obstante, hasta la fecha, muy pocos estudios han evaluado los  hábitos de consumo de refrescos en población escolar incluyendo, a su vez,  los factores externos mencionados anteriormente, sobre todo en cuanto a hábitos familiares, que influyen directamente en la alimentación y hábitos físicos de los más pequeños.

“Algunos estudios han asociado el consumo de bebidas azucaradas con el riesgo de obesidad, pero otros no han encontrado esta relación tan claramente”, explica López Sobaler. “En estos estudios a veces no se tienen en cuenta aspectos que sabemos que también son importantes, como la actividad o el entorno familiar y social”, añade.

El estudio de Ana Maria López Sobaler, publicado en la Revista Española de Nutrición Comunitaria y en el que participaron 7.659 escolares españoles de 6 a 9 años (3.841 niños y 3.818 niñas), concluye que la frecuencia de consumo de bebidas azucaradas entre la población escolar española no está relacionado con el Índice de Masa Corporal, sino con un estilo de vida sedentario y un entorno familiar poco favorable. Muchos de los pequeños que participaron en el estudio tenían un tipo de vida sedentaria, omitían el desayuno por la mañana y pasaban largo rato ante el televisor o jugando a la consola.

Afirmar, pues, que el consumo de azúcares está directamente relacionado con la obesidad infantil, omite información adicional y de hábitos que realmente influyen sobre la salud de las personas.

No hay que olvidar que la glucosa es el único azúcar que alimenta al cerebro como principal fuente de energía. Hay que tener en cuenta que en los seres humanos, el cerebro requiere aproximadamente el 20 % de la energía derivada de la glucosa, por lo tanto, es necesaria para una función cerebral apropiada. Omitir el consumo de azúcares de forma radical puede perjudicar el buen funcionamiento de nuestro cerebro.

Si tenemos en cuenta los valores de referencia de los nutrientes de la CDO/GDA (Cantidades Diarias Orientativas/Guideline Daily Amounts) para una dieta diaria de 2000 kcal se admite una ingesta de hasta 90 g/día, que provienen del 18% del total de energía consumida.

 “El azúcar en sí mismo, y consumido en el contexto de una dieta equilibrada, no supone ningún problema. De hecho, consumimos azúcares de forma natural en frutas y verduras, explica López Sobaler. 

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