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Notas de Prensa  

Parkinson. 26 de marzo de 2015
Esta  terapia de infusión continua por sonda mejora los síntomas motores y no motores de la enfermedad

El Hospital Miguel Domínguez incorpora una terapia novedosa para el tratamiento del párkinson avanzado

En Galicia se estima que hay entre 8.000 y 10.000 personas con párkinson, y unas 3.000-3.500 en la provincia de Pontevedra, de las cuales el 10% presentan la enfermedad en estado avanzado

Pontevedra (26-03-15). El párkinson es una enfermedad crónica, degenerativa e invalidante que en Galicia afecta a entre 8.000-10.000 personas, a unas 3.000-3.500 en la provincia de Pontevedra, de las cuales el 10% presenta la enfermedad en estado avanzado. Para tratar a este tipo de pacientes, la Unidad de Neurología del Hospital Miguel Domínguez de Pontevedra, en colaboración con el Servicio de Digestivo, ha aplicado por primera vez a un paciente con párkinson avanzado un tratamiento novedoso y eficaz.  

Esta terapia incorporada por el Hospital Miguel Domínguez, consiste en la administración de la infusión continua intraduodenal de levodopa/carbidopa, a través de una sonda intraduodenal que permite que la sustancia pueda liberarse de modo continuo a lo largo del tiempo, favoreciendo un tratamiento personalizado. Gracias a su novedosa formulación en gel, este medicamento consigue una mayor estabilidad del paciente, ya que reduce los síntomas motores y no motores de la enfermedad, lo que se traduce en una mejora de su calidad de vida y una ganancia en su autonomía. 

Según los especialistas del Hospital Miguel Domínguez, “los pacientes con enfermedad de Parkinson avanzada presentan complicaciones como fluctuaciones motoras graves y discinesias, así como manifestaciones neuropsiquiátricas y alteraciones cognitivas de difícil manejo, generalmente a partir de los 6-8 años de iniciado el tratamiento. En este estadio de la enfermedad, la mayoría de los pacientes no responden adecuadamente a los fármacos convencionales, lo que supone un deterioro en su autonomía para realizar las actividades cotidianas y en su calidad de vida. De ahí la aplicación de este tipo de terapias avanzadas”.  

La enfermedad de Párkinson se caracteriza por una serie de síntomas motores como lentitud en los movimientos, temblor, rigidez e inestabilidad postural, y también por síntomas no motores como trastornos del sueño, estreñimiento, problemas visuales, respiratorios, urinarios y cognoscitivos, y problemas psicológicos como depresión, apatía, ansiedad o irritabilidad. Conforme progresa la enfermedad, el paciente es cada vez más dependiente y puede llegar a convertirse en una sobrecarga para el cuidador. Según los resultados de la encuesta EPOCA, estos síntomas comienzan a desarrollarse antes de los 45 años en el 15% de los pacientes. Dada la incapacidad que generan ya en los primeros cinco años de diagnóstico un 42% de los pacientes requiere de un cuidador; pasados los 10 años de diagnóstico, el porcentaje asciende al 73%. 

En los estadios más avanzados de la enfermedad, los beneficios que aportan los tratamientos avanzados al paciente influyen positivamente en la calidad de vida de sus cuidadores, ya que dotan al enfermo de una mayor autonomía. Según un estudio multicéntrico y observacional[1] publicado recientemente, que compara la eficacia de la infusión de Duodopa frente a Apomorfina, los pacientes tratados con Duodopa mejoran significativamente y de forma global los síntomas no motores, sobre todo, aquellos relacionados con el sueño, la fatiga, las alteraciones gastrointestinales y la disfunción genitourinaria. Además, con este tratamiento no es necesario administrar ninguna otra medicación (ni oral ni transdérmica). 

Por su parte, la doctora María Castro, neuróloga del Hospital Miguel Domínguez, ha destacado la importancia de una colaboración multidisciplinar, en la que se encuentra involucrado el Servicio de Neurología y Digestivo, para un adecuado abordaje de este tipo de pacientes y la implementación de este tratamiento. “El seguimiento del paciente lo lleva a cabo principalmente el neurólogo con una periodicidad semanal o cada 15 días el primer mes, después a los 3 meses y finalmente cada 3-4 meses (según la necesidad del paciente) y está dirigido, sobre todo, a revisar el efecto terapéutico de la infusión programada (registro tiempo “on-off”), el adecuado funcionamiento de las pautas de rescate, controles analíticos periódicos, etc. Sin embargo, el papel de enfermería especializada en párkinson y del profesional del área de gastroenterología es fundamental a la hora de una correcta implementación del tratamiento y en el seguimiento del paciente”, explica la doctora Castro. 

De esta forma, el profesional de enfermería realiza un seguimiento con frecuencia similar al neurólogo centrándose en la valoración del estoma, el funcionamiento correcto de la bomba y sistema de infusión, siendo la formación de los pacientes como de cuidadores un proceso continuo. En cuanto al servicio de  Gastroenterología (encargado de realizar la gastrostomía endoscópica percutánea –PEG- para colocar la sonda en el paciente), el paciente acudirá a demanda en caso de que aparezca algún problema con la sonda o la gastrostomía. 

La aplicación de este tratamiento supone un gran avance para el Hospital ya que “El Grupo Hospitales Miguel Domínguez intenta siempre estar a la vanguardia de las novedades médicas y tecnológicas, y especialmente en el campo de las neurociencias. Este nuevo tratamiento nos permite tener un arma más en nuestro arsenal terapéutico contra una enfermedad muy incapacitante y limitante tanto para el paciente como para su entorno”, afirma el doctor Rafael Domínguez Artime, director médico del Hospital Miguel Domínguez.

 

Acerca  de la enfermedad  de Parkinson 

La Enfermedad de Parkinson (EP) es una enfermedad neurodegenerativa del sistema nervioso central que afecta el área encargada de coordinar la actividad y tono muscular y los movimientos. Se estima que afecta a 150.000 personas en España, cifra que se prevé vaya en aumento como consecuencia del envejecimiento progresivo de la población. Esta alteración neurodegenerativa, la segunda más frecuente, es de causa desconocida y de curso crónico y progresivo. 

La EP se manifiesta cuando unas células en el área del cerebro denominada “sustancia negra”, dejan de funcionar y mueren. Estas células son las responsables de producir una sustancia llamada dopamina. La dopamina es un neurotransmisor, o mensajero químico, que transmite la información a las zonas del cerebro que controlan el movimiento y la coordinación. En los pacientes con EP, las células productoras de dopamina comienzan a morir, lo que provoca la reducción del neurotransmisor en determinadas estructuras cerebrales y tiene como consecuencia la aparición de síntomas motores (temblor, rigidez, lentitud del movimiento…) y no motores (depresión, ansiedad, problemas de sueño, trastornos digestivos etc). 

A medida que la enfermedad progresa, los fármacos convencionales pierden eficacia, haciéndose necesario el empleo de terapias avanzadas (estimulación cerebral profunda del núcleo subtalámico, o infusiones continuas de levodopa o apomorfina). Los beneficios que aportan estas terapias al paciente influyen positivamente en su calidad de vida, al mejorar los síntomas de la enfermedad y reducir los efectos secundarios de la medicación oral.

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