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Notas de Prensa  

12 de septiembre de 2014

Asocian consumo continuado de benzodiacepinas con mayor riesgo de Alzheimer

El consumo durante más de tres meses de benzodiacepinas -principio activo de diversos somníferos y antidepresivos- ha sido asociado con un aumento del 50% del riesgo de desarrollar Alzheimer por un estudio publicado esta semana en British Medical Journal.
Benzodiacepinas y Alzheimer.
El artículo, redactado por investigadores de las universidades de Burdeos y Montreal, analizó datos de enfermos de Alzheimer quebequeses durante un período mínimo de seis años. Se identificaron 1.796 casos de Alzheimer, que fueron comparados con 7.184 personas sanas. Las estadísticas revelaron que el uso de benzodiapinas estaba asociado con un aumento del 51% del riesgo de desarrollar Alzheimer. La asociación era más clara cuanto mayor fuera la exposición a este fármaco.
 
Los autores del estudio comentaron que sus resultados son particularmente relevantes si se considera la prevalencia del uso de benzodiacepinas en poblaciones ancianas y la elevada y cada vez mayor incidencia de demencias en los países desarrollados, de ahí que resulta crucial animar a los médicos a que sopesen cuidadosamente los beneficios y riesgos de iniciar o proseguir con un tratamiento con benzodiacepinas en pacientes de edad avanzada. En 2012, la sociedad geriátrica americana incluyó las benzodiacepinas en una lista de fármacos que no debían usarse en ancianos debido a sus efectos secundarios en la función cerebral. Las guías de manejo del sistema nacional de salud británico también advierten que el tratamiento debe durar como máximo de ocho a doce semanas.
 
Debate abierto: ¿benzodiacepinas, sí o no?
Por otra parte, otros neurólogos advierten que deben tomarse con precaución estos resultados, pues, aunque sabemos que la patología del Alzheimer se acumula durante al menos 17 años antes de que se identifiquen los primeros síntomas, este estudio analiza el estudio de benzodiacepina mucho después de que se ha desencadenado la cadena patológica de la enfermedad. Un estudio retrospectivo como este no puede probar la existencia de una relación causa-efecto: existiría todavía la posibilidad de que las benzodiacepinas, en lugar de causar Alzheimer, estén siendo recetadas a pacientes que presentan ansiedad o insomnio como síntomas de una demencia todavía no diagnosticada. Por otra parte, este estudio no justifica una prohibición completa del uso de estos fármacos, pues sus efectos a corto plazo pueden ser muy útiles para el manejo de la ansiedad y el insomnio, aunque siempre teniendo en cuenta los riesgos asociados con su uso a largo plazo. Por su parte, el presidente del colegio europeo de Neuropsicofarmacología comentó que el descubrimiento de que la exposición a la benzodiacepina está asociado con el diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer cinco años después podría querer decir que el fármaco causa la enfermedad, pero es más probable que esto refleje que se les estén dando benzodiacepinas a personas que ya estaban enfermas. Se trataría de una asociación, más que de una relación causal. Por lo tanto, advierten los expertos, serán necesarios estudios adicionales, más prolongados en el tiempo, antes de poder alcanzar conclusiones definitivas.
 
No obstante, las benzodiacepinas pueden dañar la memoria debido a su efecto directo en la memoria, por lo que su empleo en personas de edad avanzada debe hacerse de forma cautelosa y tratando en todo momento de equilibrar efectos secundarios con beneficios, como ya hacen organismos como las autoridades sanitarias británicas o la asociación americana de geriatría.

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