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Notas de Prensa  

19 de junio de 2015

¿Ébola en la Antigua Grecia?

Un epidemiólogo sugiere que la misteriosa plaga que diezmó la ciudad de Atenas el siglo V antes de nuestra era podría haber sido ébola. Durante décadas, los historiadores han especulado sobre la naturaleza de la epidemia descrita por el historiador Tucídides en La Guerra del Peloponeso.
¿Virus emergente o virus de la antigüedad?
El primer brote de ébola podría haber ocurrido no en África hace cuatro décadas, sino más de 2.400 años atrás en la antigua Grecia. Esto es lo que plantea el profesor Kazanjian, historiador de las enfermedades infecciosas en la Universidad de Michigan, EE.UU.
 
Los epidemiólogos consideran que el primer brote conocido de ébola tuvo lugar en 1976 en la República Democrática del Congo. No obstante, también sabemos que el virus del ébola es muy antiguo: diversos estudios han encontrado restos de ADN idéntico al del ébola en diversas especies de roedores. Este virus podría haber infectado a los ancestros de estas especies hace un mínimo de veinte millones de años.
 
La antigüedad de este patógeno lleva a plantear la posibilidad de si el ébola podría haber salido de su reservorio animal mucho antes de 1976. En un artículo publicado en Clinical Infectious Diseases, Kajanzian propone la hipótesis de que la famosa plaga de Atenas, una epidemia de cinco años de duración que comenzó en el año 430 antes de nuestra era, durante la guerra del Peloponeso, podría haber sido ébola o una fiebre hemorrágica similar.
 
Síntomas y origen de la enfermedad
Se ha especulado largamente sobre qué enfermedad podría haber sido la causante. El famoso historiador Tucidices, no sólo fue testigo de la enfermedad: también la contrajo, pero sobrevivió. La enfermedad ateniense, también denominada síndrome de Tucídides, fue descrita en detalle por el historiador griego. Comenzaba con fiebre elevada y repentina, dolores de cabeza, cansancio y dolor en el estómago y en las extremidades, y vómitos. Los que sobrevivían al cabo de siete días de enfermedad también experimentaban diarrea severa. Otros síntomas incluían ojos enrojecidos, hipo y hemorragias bucales, así como tos, alucinaciones y confusión, eczema, pústulas, úlceras e incluso pérdida de dedos de pies y manos, probablemente a causa de la gangrena. Tucídides también observó que algunos casos sufrían tal grado de deshidratación que se arrojaban a los pozos en un intento desesperado de apagar su sed. La enfermedad solía provocar el fallecimiento de los afectados en un plazo de siete a nueve días.
 
La detallada descripción que nos dejó Tucídices ha llevado a los historiadores de la medicina a especular sobre el patógeno causante de la enfermedad. Se ha atribuido la peste a tifus, viruela, sarampión, ántrax, peste bubónica o fiebre tifoidea: pero ninguna de estas enfermedades coincide tanto como el ébola con los síntomas descritos por Tucídices. Por otra parte, la pestilencia ateniense comenzó al sur de Egipto en una región denominada por los antiguos griegos “Etiopía”, término con el que denominaban a las regiones del áfrica subsahariana, en la misma región en la que también han habido brotes de ébola. Desde allí, la plaga pasó a Egipto, Libia y al mundo griego. Los síntomas, porcentaje de mortalidad y origen geográfico de la plaga de Atenas coincide con lo que sabemos en la actualidad del ébola.
 
Lecciones del pasado
El pánico que provocó la epidemia en la antigüedad proporciona lecciones para el manejo de epidemias en el mundo moderno. Tucídides observó que el miedo multiplicó el daño causado por la enfermedad, llevando a las personas a abandonar a su suerte a sus familiares enfermos, como también ocurriría con la Peste Negra de 1348. La plaga, escribió Tucídides, supuso “el abandono de la conducta honorable”: los habitantes de la ciudad dejaron de respetar la ley pues pensaban que ya estaban condenados a morir. Esto llevó a muchos a gastar dinero indiscriminadamente, mientras que algunos pobres se hicieron ricos repentinamente al heredar las propiedades de sus familiares muertos. Tucídides también observó que las personas dejaron de comportarse honorablemente, “…pues no creían que fueran a vivir lo suficiente como para disfrutar de su buena reputación”. Muchos atenienses creyeron que la plaga se debía a que Apolo, dios de la medicina, se había puesto del lado de los espartanos en su guerra contra Atenas. Tucídides se muestra escéptico, y observa que los animales y pájaros que se alimentaban de los cadáveres también morían, por lo que la causa debía ser natural, y no de origen divino.
 
Tucídides escribió que los primeros en morir fueron los doctores, como también ocurrió en el brote de 2014 en África occidental, que costó la vida de más de 500 trabajadores sanitarios. Según Kazanjian, el texto de Tucídices da perspectiva “…a las observaciones del mundo actual sobre el pánico provocado por el ébola”. La antigua epidemia ateniense es relevante para el brote de ébola de África occidental, pues nos muestra cómo el pánico puede poner en peligro tanto a los individuos como a la sociedad en su conjunto, así como dificultar la lucha para impedir la expansión de la enfermedad.

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