Notas de prensa

  • 6 de octubre de 2009
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"A la larga, utilizar inmunosupresión genérica es mucho más costoso que la de patente"

Benjamín Gómez, profesor titular de nefrología de la Universidad de Guadalajara (México) y responsable del Departamento de Nefrología y Trasplante de esa universidad, explica los resultados de los estudios que se están llevando a cabo en ese hospital, en el que se ponen de manifiesto algunos de los efectos de la llegada de los inmunosupresores genéricos al mundo del trasplante.

¿Cuál es el procedimiento por medio del cual un organismo establece que un medicamento y su copia son bioequivalentes?

Decimos que un medicamento es bioequivalente cuando hablamos de una sustancia farmacológica que tiene una potencia y unos efectos similares a la original. Un medicamento genérico puede ser elaborado una vez vencida la patente del medicamento de marca siempre que reúna todas las condiciones de calidad y bioequivalencia. También debe ofrecer la misma seguridad que cualquier otro medicamento. En principio, todos los fármacos aprobados por un Ministerio de Salud o autoridad sanitaria que tenga dicha tarea, han de pasar por los mismos controles de calidad, seguridad y eficacia.

Pero en realidad, para ser aprobado, el medicamento genérico simplemente ha de tener una actividad entre ±20% de la actividad del medicamento de marca. En determinadas enfermedades, como por ejemplo las que afectan al sistema nervioso, pequeñas variaciones en la dosis de la medicación pueden provocar graves percances no se suelen producir medicamentos genéricos de sedantes, hipnóticos... Este debería ser el caso de los inmunosupresores, pero no es así en la actualidad.

Así, no es lo mismo tomar un genérico como puede ser el paracetamol, que un inmunosupresor?

No, no es lo mismo. Hay una cosa que se llama ventana terapéutica, que puede ser muy amplia. Este es, por ejemplo, el caso de los analgésicos, en los cuales, aunque los niveles de materia prima que haya en el producto sean diferentes a los del medicamento de patente, el daño que haría sería muy pequeño. En cambio, si la ventana terapéutica es estrecha, corremos el riesgo de, si damos poca cantidad no estar actuando correctamente contra la enfermedad, y si damos demasiada, nos enfrentamos ante la posibilidad de estar aumentando la toxicidad del paciente. En el caso de los trasplantes, esto es muy grave, puesto que puede llevar al rechazo del injerto y a desarrollar niveles de nefrotoxicidad muy altos, lo que limitaría la supervivencia del paciente.

¿Hay estudios clínicos que puedan demostrar la diferencia entre un medicamento inmunosupresor genérico y uno de patente?

Existen algunos estudios realizados, pero lo cierto es que, en las revistas más importantes del mundo, no aparecen estos estudios, ya que los medicamentos genéricos, para ser aprobados y comercializados, no necesitan probar su eficacia, puesto que se entiende que, al probar su eficacia el compuesto original, es válido para el genérico. Las compañías que tienen su medicamento original sí que hacen estudios comparándolos con los genéricos. A veces, estos estudios son muy clínicos, y por ejemplo, sólo comparan los niveles de creatinina. Haciendo biopsias a nuestros pacientes nos hemos dado cuenta de que las diferencias son enormes en otros marcadores, aunque los niveles de creatinina sean correctos. Cuando damos Tacrolimus genérico, estamos llegando a niveles de nefrotoxicidad del 50%, cuando en otros países es del 15%. Es una diferencia demasiado grande.

¿Qué consecuencias puede conllevar?

Puede no pasar absolutamente nada, y que el tratamiento le vaya muy bien al paciente. Si el medicamento genérico está bien hecho y bien estudiado, no tendría que tener consecuencias adversas. Pero como esto no lo sabemos, lo único que se puede hacer en el caso de recibir genéricos es que los médicos lleven un control mensual del paciente, aunque ya haya hecho dos años que está trasplantado. El seguimiento del enfermo es lo más importante. Si no se hace, puede ir perdiendo poco a poco la función renal y a partir de la pérdida del 20% es complicado, puesto que se multiplica la velocidad con la que se pierde función renal. Lo que sí sabemos es que a largo plazo, el paciente que toma genéricos desarrolla nefrotoxicidad bastante antes que el paciente que se trata con medicamentos de patente.

¿Hasta el punto de darse rechazo?

Sí, en los estudios que hemos realizado nos hemos dado cuenta de que se pueden dar rechazos, pero suelen ser severos. Con medicamentos de patente, el grado de rechazo puede ser del 2%, pero nosotros hemos comprobado en los últimos años que utilizando sólo terapia inmunosupresora genérica estos niveles pueden aumentar hasta el 10% del total de los trasplantados.

¿Por qué en México la mayoría de los pacientes trasplantados son tratados con genéricos?

Sin duda es por el precio. Pero una vez que estamos utilizando sólo genéricos nos estamos dando cuenta de que es mucho más costoso, ya que tenemos más hospitalizaciones, hay que hacer un mayor seguimiento del paciente, con revisiones cada mes. Esto a su vez, conlleva otros gastos, no sólo económicos, sino también humanos.

Se puede decir, que un inmunosupresor genérico, a la larga, es caro...

Sí, es mucho más costoso. Pero para las compañías que los venden son rentables, ya que no invierten nada en investigar sus efectos. No apoyan a la investigación, se dedican a producir.

Si un paciente trasplantado tiene otra dolencia, ¿el inmunosupresor genérico puede interactuar con estos fármacos?

Existen muchos estudios de interacción con muchos medicamentos de patente, con ciclosporina, por ejemplo. Pero en el caso de los genéricos no está comprobado, aunque sabemos que esa amenaza es real. Puede darse el caso de que interactúen de forma distinta con otros fármacos, pero en la actualidad no hay estudios que demuestren estas interacciones.

¿Cómo se puede mejorar la calidad de vida de un paciente trasplantado que recibe inmunosupresión genérica?

Una de las cosas negativas de la inmunosupresión genérica es que, en un año, podemos llegar a hacerle a un paciente hasta cuatro biopsias para comprobar el estado en el que se encuentra. Para un enfermo renal, por ejemplo, y según me consta por mi experiencia, calidad de vida es no tener que acudir al médico, que no les hagan estudios y poder estar en su casa, y no en el hospital.

¿Cómo cree que entrarán los inmunosupresores genéricos en Europa?

Llegar, llegarán. Y más en la situación de crisis actual? Para desarrollar un buen medicamento hay que invertir millones y millones. Si los genéricos hicieran sus propios estudios e investigaran sobre estos medicamentos, ya sería una ganancia. Si son genéricos bien estudiados, no habrá ningún problema.

¿Hacia dónde van las técnicas de inmunosupresión?

Lo ideal sería llegar a que el paciente sólo tuviera que tomar el medicamento una vez al mes. Hay muchos estudios que están investigando la tolerancia, y que han conseguido que los pacientes estén hasta seis meses sin tomar inmunosupresores. Actualmente, yo tengo varios pacientes que no toman nada de inmunosupresión, pero son pacientes muy selectos, que tienen una compatibilidad muy exacta con el donante del órgano. En definitiva, lo mejor sería encontrar la tolerancia idónea del injerto para que no haya riesgo de rechazo y no haya que tomar inmunosupresores.

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